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Entre mi tío y mi primo (II)

Publicado: 20/02/2006 21:00

Autor: rela866199

Categoría: Gays

A la mañana siguiente nos despertamos sonriendo y bromeando mi primo alisó mi trasero y dijo que hoy haríamos todo eso de nuevo y más.
Se acercó furtivamente a mí, me miró atentamente y me advirtió de la marca de chupón que había dejado en mi cuello, se disculpó y me dijo que evitara que mis tíos me notaran.
Aunque el intento de ocultar la marca fue notado por el tío Carlos, quien con una sonrisa maliciosa en sus labios me preguntó si le había golpeado el cuello en la puerta del armario. Con la confirmación de Flavio y mi afirmación, el tío Carlos me pidió que fuera más cuidadoso con los futuros "golpes" y que evitara mostrárselo a la tía Ana. Nos dijo que usáramos jeans, camiseta y sunga porque los tres pasaríamos el día en una cascada cercana.
Mientras estábamos en nuestra habitación vistiéndonos según sus instrucciones, mi tío y la tía Anne preparaban una canasta para las comidas que los hombres de la casa preparaban en la cascada.
Condujimos el camión 20 millas hasta esa cascada, y todavía estaba sentado entre mi tío y mi primo, y de vez en cuando podía sentir la mano de Flavio tratando de suavizar mis riendas empujando su mano izquierda por el cinturón de mi pantalón.
Creo que los movimientos fueron notados por mi tío que le pidió a Flavio que se callara. Aún así intentó disfrazado poner su mano debajo de mi trasero, suavizándolo siempre que era posible. No sé si por mi impresión, noté una sonrisa discreta de mi tío hacia mí que me molestó lejos de Flavio impidiendo su acercamiento.
Al llegar al lugar donde íbamos a pasar el día, nos quitamos los pantalones y las camisas dejándonos a Flavio y a mí solos en sungas y al tío Carlos con uno de esos grandes y anchos pantalones de baño. Nos sumergimos en la piscina natural que se formaba cerca de la cascada y podíamos jugar a voluntad porque sólo éramos tres allí.
Flavio me daba algunos caldos y caminaba sobre mi espalda siempre pasando su palo en mi trasero causando una reacción tanto en mí como en él a veces alisaba su pene discretamente y sin que mi tío lo notara.
Después de pasar un tiempo en el agua, el tío Carlos se sentó sobre algunas piedras que formaban el borde de la piscina y pidió que Flavio y yo nos quedáramos cerca de él; se acostó sobre las piedras dejando solo su pierna derecha en el agua donde Flavio y yo estábamos. Luego mi tío se quedaría dormido, dejándonos libres para nuestros juegos sucios. Flavio me suavizaría el culo, exigiría que sostuviera su polla, que se sumergiera y se agacharía y sosteniendo mi cabeza en el agua, se movería contra ella como si la estuviera comiendo. Escapaba de esta trampa para poder respirar, confirmar que mi tío estaba durmiendo y dejar que Flavio pusiera su miembro viscoso en mi boca, burlándose de él de inmediato.
También fui a recostarme sobre las piedras y por casualidad tomé una posición a los pies de Titio. Luego fue el turno de Flavio de acostarse, tomando una posición a la altura de la cabeza de su padre. Al mirar a Flavio me encontré con el gran y pesado pinto y saco de mi tío mostrándolo entre sus piernas. Hipnotizado fijé mi mirada hacia las piezas de los objetos de mi curiosidad y ya no podía apartar la mirada. Me imaginé junto a ese miembro peludo y de boca ancha señalado por su dueño que insistió inútilmente en ponerlos dentro del zapato. Esta escena de operación intentada varias veces, hizo que su cacofonía aumentara de tamaño dejándome aturdido con la escena. No desvió mi pezón y miró la posición casi tratando de ocultar su erección, me endureció y hizo que mi cuerpo fuera aún más precioso. Vi que un dedo maliciosamente desapareció de allí y no pude apartar la cabeza.
En este momento Flavio se despertó, también se sumergió en la piscina, forzando como una táctica para ocultar su emoción la inmersión tit.
Nos quedamos unas horas más jugando, nadando y hablando de trivialidades, hasta que llegó el momento de regresar.
Flavio y yo llegamos agotados a nuestra casa, tomamos un buen baño y guiados por el tío Carlos nos fuimos directamente a dormir, haciendo que su hijo le diera un beso a su madre y no me permitiera acercarme a ella recordándome discretamente que la mancha en mi cuello no debía ser vista.
El tío Carlos nos lo dijo en voz alta para que la tía Ana supiera que mañana y al día siguiente pasaríamos el día en la cascada de nuevo.
Me enteré después de que en tres días la marca de chupón desaparecería y la tía Ana nunca lo sabría.
Todavía no hay reacción.

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