Se acuesta con la vecina del jardín.
Tengo un jardín orgánico donde paso un tiempo para aliviar el estrés de la vida cotidiana.
Es un conjunto de varios puestos en un proyecto del municipio. Los jardines son cuidados por varios jardineros de diferentes edades.
La persona más cercana a mí es una pareja de unos treinta años, que por lo general trabajan juntas, y yo suelo cuidar el jardín sola, ya que Sandra no tiene ni el tiempo ni la inclinación debido a las largas horas que pasa en el hospital.
Zé y Leonor, de Cabo Verde, son mis vecinos en la casa de la moneda. Llevo un tiempo mirando a Leonor. Es una bella mulata con un cuerpo delgado y pechos medios y hermosos ojos verdes. También me miró con una mirada que me molestaba y me hacía querer hacer otras cosas.
Un día Zé tenía que ir a Cabo Verde y Leonor estaba sola en el jardín y empezamos a hablar conversaciones cada vez más íntimas y un día le pregunté si necesitaba algo y me dijo que no en el jardín.
- ¿En el jardín no?... y sin estar en el jardín?- dio una sonrisa...
- Eso ahora...
Ella indicó que necesitaba algo y yo sabía exactamente lo que era. La conversación no duró mucho y fue hora de irme. Le mencioné que al día siguiente estaría en el jardín muy temprano porque quería hacer un tratamiento en algunas plantas y tenía que ser sin la presencia del sol.
A las seis de la mañana voy al jardín y veo que el refugio estaba abierto, era amanecer y la casa aún estaba oscura porque no había electricidad, y Leonor ya estaba allí esperándome.
Tenía unos jardineros sueltos y una camiseta.
- Buenos días, dijo.
¿Es demasiado temprano en el jardín?
Me desperté temprano, y como no tenía nada que hacer, vine aquí.
Esa, con la sonrisa traviesa.
- ¿Necesitas compañía?
- Mucho más.
No dijimos nada más, y nos besamos apresuradamente, y él envolvió sus brazos alrededor de ella mientras la besaba.
Desabroché las sábanas del jardín, y cayeron al suelo. No tenía bragas. Pasé la mano por el coño afeitado, y vi que estaba mojado. Estaba un poco oscuro, pero me gustó lo que vi. Leonor era una mulata con un clítoris muy sobresaliente, y jugué con él hasta que le metí un dedo en el coño. Ella gemía de placer.
Le di la espalda, y puse mis manos debajo de su camisa para sentir sus pechos, y eran como piedras, y eran tan duros.
- Qué pechos bonitos.
- ¿Te gusta esto?
Directa y suave, así que no necesitas sostén.
- Yo nunca uso...
Estaba caliente, y quería coger a esa deliciosa chica negra, y la espalda sería la mejor posición.
No suelo llevar condones al jardín.
- Yo lo haré.
La pequeña puta, ella vino lista para coger.
Y se volvió hacia mí y me abrió el cierre de los pantalones que habían caído al suelo, y mi polla era como una roca, y era tan dura, y estaba lista para follar.
Me golpea un poco y luego le lleva la boca, y me sorprendió cuando se la tragó entera, qué boca tan deliciosa tenía, qué boca tan deliciosa, y succionó y succionó y golpeó, pero tuve que hacerla parar, porque estaba en peligro de volverse, y no quería.
Leonor, abre el condón y con tu boca ponlo en mi pene. Ninguna mujer había hecho eso antes. Ella sabía qué hacer. El condón debe ser su marido que debe tener un pene más grande que el mío porque él no aprieta mi pene en absoluto.
Ella se inclinó sobre una estantería y me pegó la cola, incliné mi polla hacia abajo y la metí con facilidad. Su polla estaba muy húmeda y pude ver que era ancha. Confirmé que la polla de su marido era más gruesa que la mía. Me gustan los pollos anchos y cálidos. Este era justo como me gusta. Resbaladizo, cálido y jugoso.
La agarré por detrás, y la penetré hasta que la oí gemir, y ella era una delicia, esa pequeña chica negra con esa deliciosa vagina.
Golpeé y golpeé, y entonces él vino.
Qué bien, hace tiempo que no me meto.
Le di un fuerte puñetazo y me aferré para no verlo.
Es delicioso, ponlo en el puto horno.
Ella gime como un perro.
Me sorprendió cuando ella...
- Me cago en el culo.
No tenía que preguntarle de nuevo, así que lo saqué de su coño y se lo metí justo en el culo, no muy apretado.
Golpes profundos y fuertes.
Me cago en el culo, me encanta tu polla.
- pero la de su marido es más gruesa.
El tuyo es del tamaño adecuado.
Me alegraba que le gustara mi polla, y me la follaba más de buena gana hasta que la volvía a hacer.
Mi esposa Sandra, para ver cuándo me fodo su culo, tiene que masturbarse el clítoris, pero esta perra sólo vino con su pene en el culo.
Era hora de que yo también viniera, y yo quería venir en su boca, y cuando le pedí que lo hiciera, ella pidió estar en el medio del jardín, detrás de los frijoles.
Nos vestimos y fuimos a mi huerto que tenía una favela muy alta.
Ella baja la mano y saca su bastón, es de día, pero estamos cubiertos, le pido que se quite la camisa, sale, pero acepta, tiene las correas del jardinero cubriendo sus pezones erectos, me encanta ver a una mujer así.
Ella golpeó y chupó mi polla. Ella puso su cabeza hacia abajo a mi garganta. Ella chupó y mordió el glande. Yo no podía soportarlo y vine abundantemente en su hermosa cara. Los primeros chorros estaban en su cara y los siguientes cayeron en sus pechos. Después de venir, ella limpió mi polla con su boca hasta la última gota. Ella estaba toda picada, pero con su lengua y dedos limpió la mayor cantidad de esperma posible y se lo tragó todo.
Estábamos satisfechos, pero la mierda continuó.
Esa noche, se lo dije a Sandra y se volvió loca con una erección y tuve que satisfacerla también.
- También me encantaría follar en el jardín.
- Para follar en el jardín, tienes que ir allí.
- Tal vez algún día.
Todavía no hay reacción.
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