¡Santa y la niña!
Feliz Navidad a todos los amigos, autores y lectores del sitio Controerotic, y gracias por el amor que me han dado este año en el sitio.
Hoy es el 25 de diciembre de 2010.
No pude evitar celebrar contigo una jodida historia de Navidad...
La única niña ejemplar en toda la clase era yo, una niña buena ayudando al buen viejo con la barba blanca (¿el viejo lo será?), ropa roja.
A petición mía, entregó mi regalo a mi sala de estar después de que todos se hubieran ido. Llevaba un traje negro plegable, una sudadera blanca de secundaria, 3/4 calcetines, zapatillas negras y una pequeña María.
Con un traje tan corto que se podía ver la pulpa de mis glúteos debajo de mis bragas de encaje blanco...
- Hola, mi pequeña, Feliz Navidad.
Yo era un buen chico, no era Santa Claus.
- Bueno mi hija, oí que eras una niña muy tomada...
Pero soy una buena chica.
- Santa lo sabe, así que vine a comprobar personalmente...
- Estoy aquí, Santa, ¿qué quieres que haga?
¿Qué estás haciendo?
- Haré lo que quieras, Santa.
- ¿Todo el dinero?
Te demostraré que soy una niña obediente.
- Ya estoy disfrutando viéndolo, así que te voy a dar un regalo.
Me gustan los regalos.
- Es una varita mágica...
- ¿El inglés mágico?
- Sí, te hará ver las estrellas...
¿Qué tengo que hacer para ver las estrellas?
- Primero tienes que quitarte la bata...
Me quité la ropa, y mientras ese anciano de barba blanca me miraba como un gato a punto de comerse un canario, yo jugaba su juego.
- Ahora mi niña se sube a mi regazo.
Mirando su regazo, su pene ya estaba fuera de sus pantalones rojos; duro y grueso.
Me subí a su regazo, y cuando mi pequeño paquete tocó la punta de su pene de serpiente, comenzó a frotarlo por todo mi coño y culo, haciéndolos parpadear con una erección.
Me mojé un poco con ese cigarrillo entre mi bolsillo y mi trasero.
- Santa es tan sexy... y empecé a hacer movimientos de ida y vuelta en el duro y grueso palo que me estaba golpeando.
Ahora recuerda que tienes que hacer lo que Santa te diga...
- Sí, señor. - ¿Qué es eso?
- Este es el bastón de Santa, siéntate en él verás el universo lleno de estrellas...
Oh, Santa, no puedo esperar, me estoy sentando y luego bajé mi cuerpo y sentí su bastón caliente y duro deslizarse por mi culo.
- ¿Qué pasa?
¿De verdad quieres a Santa?
- Sí, quiero... bajar más, bajar más...
Me senté en su polla todo el tiempo que pude, y lloré un poco, porque podía sentir mis nalgas tocando sus testículos.
Chica obediente... muy obediente... se metió en mi trasero que apretó su pene.
- ¿Listo y ahora Papá Noel?
- Ahora vas a pulir mi palo metiendo tu pequeño trasero en él, ¿sabes lo que quiero decir?
- ¿Arriba y abajo?
- Esa chica sube y baja.
Me bajé el culo voluntariamente; subí y bajé hasta que todo su volumen desapareció dentro de mi trasero.
Volví a subir ...
- Esa niña, ahora más rápida para limpiar el bastón de Santa...
Bajé y subí al ritmo de sus manos que me levantaron y tiraron vigorosamente.
- Se va a pulir mi palo, se va a ...
- Oye, Santa, ¿qué está pasando?
- Eres una buena niña.
Se va a meter la verga por el culo otra vez, va a, eh, todo Santa y todo... ahora yo soy el que va a ir arriba y abajo rápido.
Empecé a sudar, podía sentir las gotas fluyendo entre mis pechos, mi vientre ardiendo de placer, podía sentir su bastón emitiendo una chispa de deseo.
¡Sí, Santa, qué hermoso palo!
- Ho Ho, mi niña, ¿ya ha comenzado la magia?
- Sí, Santa, estoy viendo muchas estrellas, oh, oh, mi, tantas estrellas.
- Entonces vamos, vamos a frotar a alguna chica más caliente, frotar mi varita mágica, ir ..
- Scrub para ver todas las estrellas en el universo...
- ¿Qué estás haciendo?
- Ya lo ves.
- Sí, yo... sentí sus espasmos en ondas sucesivas... sintiendo esa crema tibia y lechosa en mi culo.
- ¿Cómo estoy?
- Has sido una buena chica.
- Pero tengo que hacer todas las pruebas, ¿no?
- Sí, aún tenemos algunas pruebas más.
Incliné mi tronco hacia atrás, sentado quieto en su regazo, mientras su esperma seguía fluyendo entre mis piernas y sentí sus grandes manos en mis pechos hirviéndolos.
- Umm qué tetitas lindas tiene mi pequeña niña... haré una prueba con ellas más tarde.
- ¿Cuál será la prueba?
¡La noche es un niño!
Santa tiene más magia, ¿no?
- Ahora tendrás un buen helado...
- Oba, me encanta el helado.
- Dejarás el bastón de Santa limpio y brillante...
Miré ese palo, que cuando estaba excitado no era recto, sino curvado hacia arriba y ya estaba duro.
- Me encanta el helado, verás.
Empecé a lamerle los testículos mientras le chupaba el saco, empapándolo deliberadamente en saliva para hacerle brillar.
- No dejé rastro de la crema batida que se derramó en tu bastón...
- La niña tiene hambre...
Sí, Santa, muriendo de hambre, agarré la punta de su pene como si estuviera agarrando un premio, me arrodillé, agarré su pene con una de mis manos, y metí todo el volumen en mi boca a la vez.
Qué niña tan deliciosa, se estremeció y gimió de placer.
Mientras chupaba ese palo curvo con todo cuidado para no ahogarme, mi boca estaba llena de crema batida y sentí que otra vez estaba loco por verterme más.
- Está bien, Santa se los comió a todos.
- Ho Ho... Estoy orgulloso de ti mi pequeña niña... Ahora vamos a la prueba final.
Miré a Papá Noel muy emocionado.
- ¿Cuál es el premio? - ¿Cuál es el premio? - Cuando ella preguntó toda emocionada, mis pechos suaves, blancos, medianos y de pico rosado saltaron suavemente.
Los ojos detrás de la lente, la boca entre el bigote y la barba blanca, me respondió
Veamos si eres una niña seria.
- Soy Santa... es decir, no estoy hablando en serio sobre jugar.
Es parte de la prueba, no podrás reír.
- Ni un poco.
- No, no lo hizo.
He mostrado un pequeño espacio entre el pulgar y el índice de la mano derecha.
Tienes que ser serio mientras dure la broma.
- ¿Están listos?
- Sí, Santa, usted sabe.
Yo estaba de pie en el medio de la habitación, y se acercó a mi espalda y metió su dedo todo el camino desde la parte superior de mi pequeño paquete a la base de mi cuello, y un buen escalofrío pasó a través de mí y casi se rió.
Tienes que probarme que eres una niña seria.
- Es Papá Noel.
Me echó una mirada seria.
- Levanta una pierna.
Incliné mi pierna hacia atrás con la palma blanca de mi pie hacia él. Sus dedos comenzaron a hacer cosquillas allí. Me mordí los labios, sudé frío, pero no me reí. Sentí una bola de algodón frotándose contra mi palma. Fue su barba y luego su lengua. La metió entre mis dedos y casi me reí.
El buen anciano bajó por mi pierna, se levantó y se puso de pie frente a mí. Me miró directamente a los ojos; algo serio. Algo me dijo que se estaba riendo de mí. Llegó a sus labios cerca de los míos y sin besarme ni abrir la boca, los deslizó por mi cuello, pasando entre mis pechos dejando sus picos rosados duros y excitados.
Allí estaba, moviendo su cabeza, dibujando un círculo en mi pecho, metiendo su barba en mi pezón. La pelusa de mi cuello estalló en excitación. La barba bajó a mi busto rapado, alcanzando alrededor de mis grandes labios. Ahí la boca de Santa se abrió, su lengua disparó a mi vulva como una flecha. Fue tan rápido que el miedo me desorientó. Me acarició con su saliva fría. La lengua hizo líneas arriba y abajo y a los lados. Sabía muy bien lo que estaba haciendo.
Dejé escapar un suspiro cuando comenzó a forzar la punta de su lengua en mi vagina como un sacacorchos. Estaba empapada de sudor y lista para soltarme tan pronto como terminara. Su lengua se mantuvo salvaje e intransigente, tocando las puntas de sus grandes labios, cubriendo toda la longitud de mi hendidura tratando de penetrar en todos los puntos posibles. Sus manos estaban haciendo cosquillas desde la base de mi espalda hasta mis nalgas. Me mordí el labio sosteniendo la erección, por unos breves momentos, él introdujo la punta de su lengua dentro de mi vulva, retiró su lengua y la lamió como si fuera un néctar de los dioses. De un último beso, se levantó, miró a mis ojos y sonrió complacido.
- Puedes descansar mi pequeña... has demostrado que eres una muy buena niña... ahora Santa es todo tu... pequeño...
Él se quitó el disfraz, no mostró su cara, mantuvo una barba y un bigote. Era obvio que el físico era el de un hombre fuerte, incluso con las gafas, la barba blanca y el bigote no daban a conocer su edad, el pene erguido y listo. Sólo pensé en tener ese torso curvo dentro de mí, llenándome con toda su rigidez.
- ¡Papá Noel te quiere joder, pequeña terca!
Nuestros cuerpos se encontraron, él era más alto que yo, y sentí su pene presionar contra mi vientre.
- Entonces ven a joderme, joder todo lo que no pudiste con Santa.
Los voy a joder a todos, ¿eh?
- Es el...
- Santa está en peligro aquí.
Pasé la punta de mi lengua por mis labios ya secos de sexo, imaginando a ese fuerte, experimentado, fantasía de Papá Noel follando mi rosado y húmedo ramo de sexo.
Me mojo muy fácilmente.
- Te comeré entera, pequeña.
- Come... ¡Métete ese pito en mi coño, ahora!
Me besó, mis uñas corrían por su espalda rascándolo.
"Oh, niña traviesa", me abrazó. Aproveché la oportunidad para abrazarlo también y me colgué de sus caderas con las piernas abiertas. Me llevó a la silla del maestro. Se sentó y me puse de pie en su regazo. Sintiendo su polla frotando mi ramo.
"¿Está ese curvilíneo listo para mí?" Le mordisqueé la boca.
Está loco por mostrarte todo lo que tiene.
- Entonces ven y jódeme, Santa.
Me besó mientras yo rodeaba con su pequeño paquete puntiagudo y sus glándulas frotándose contra la entrada de mi ramo, su dedo empujando suavemente mi apretado trasero, agarró mi pelo dándome un beso mientras metía su lengua dentro de mi boca como un palo dentro de un ramo.
- Si me pones esa maldita cosa encima...
Te comeré entera, niña... mientras él subía para penetrarme, yo bajaba para envolverlo dentro de mí, con mis piernas colgando de sus grandes muslos.
- Se está metiendo, está deliciosa.
- Eso está bien, pequeña mierda.
- Lo pone todo dentro, y dice...
- Eso es todo, déjame cogerte...
- Así que mete todo el palo.
- Te voy a comer.
- Coman, coman y coman.
- Este hijo de puta quiere entrar en tu cubo...
- Libera esa bestia curva dentro de mí...
- ¿ Qué pasa ?
- Cómeme... cómeme... papá... noel... cariño... ahhhhhh... me tragarás entero con ese palo sabroso.
¡Te voy a comer, perra pequeña, voy a verter esa leche dentro de ti, voy a mostrarte toda esa fuerza!
Sus manos estaban atadas a mis hombros y sus brazos clavados en mi espalda como un chaleco.
- Cariño, voy a joderlos a todos... voy a joderlos a todos, guapa!
- Vete a la mierda, me voy a comer a toda Santa Claus.
- ¡Te comeré desde aquí hasta el Polo Norte!
- Yo, Goza, tienes esa mierda dentro de mí...
- Me voy a burlar de ti adentro, ahhhhhh...
- Se va a...
Su último gemido era casi un grito, la voz más fuerte para el placer de la diversión. Sus movimientos rápidos se detuvieron. Estaba con su culo levantado de la silla y todo su volumen dentro de mí. Sentí sus bolas casi entrando. Sentí el flujo de esperma explotar dentro de mí.
Gimié, suspiré, y mis uñas lo rascaron.
Estaba arqueándose, derramando las últimas corrientes de esperma, y lo dejé penetrarme a su ritmo.
Con el tiempo, lo dominé e hice movimientos rápidos para que yo mismo llegara a mi orgasmo latente momentos más tarde.
Mi boca se cerró en un poco de placer y se relajó, cerró los ojos que era puro deseo.
Besó mi boca, el pico de mis pechos, como mi miel mezclada con su crema.
- Me estaba riendo en la acera.
- Eso está muy bien, muchacho.
- Feliz Navidad, Santa - mi cuerpo todavía temblando, sudando, mi vagina mojada con su esperma y mi alegría.
- Espera, espera, mi pequeño niño...
- Que todas sus Navidades sean felices...
Y quitándole el resto de su fantasía de Santa... le di una sucia sonrisa a ese hombre alto de pelo verde y ojos y una sonrisa traviesa; me encantó más y más al encarnar mis fantasías!
Espero que os haya gustado, escribí esta historia en diciembre de 2008! ¡Bjs Doces Natalinos! ¡Y una Feliz Navidad a todos! ¡Lleno de Paz, Salud, Amor, Esperanza y Felicidad!!!
Ayesk@
¡Los derechos de autor están reservados!
Hoy es el 25 de diciembre de 2010.
No pude evitar celebrar contigo una jodida historia de Navidad...
La única niña ejemplar en toda la clase era yo, una niña buena ayudando al buen viejo con la barba blanca (¿el viejo lo será?), ropa roja.
A petición mía, entregó mi regalo a mi sala de estar después de que todos se hubieran ido. Llevaba un traje negro plegable, una sudadera blanca de secundaria, 3/4 calcetines, zapatillas negras y una pequeña María.
Con un traje tan corto que se podía ver la pulpa de mis glúteos debajo de mis bragas de encaje blanco...
- Hola, mi pequeña, Feliz Navidad.
Yo era un buen chico, no era Santa Claus.
- Bueno mi hija, oí que eras una niña muy tomada...
Pero soy una buena chica.
- Santa lo sabe, así que vine a comprobar personalmente...
- Estoy aquí, Santa, ¿qué quieres que haga?
¿Qué estás haciendo?
- Haré lo que quieras, Santa.
- ¿Todo el dinero?
Te demostraré que soy una niña obediente.
- Ya estoy disfrutando viéndolo, así que te voy a dar un regalo.
Me gustan los regalos.
- Es una varita mágica...
- ¿El inglés mágico?
- Sí, te hará ver las estrellas...
¿Qué tengo que hacer para ver las estrellas?
- Primero tienes que quitarte la bata...
Me quité la ropa, y mientras ese anciano de barba blanca me miraba como un gato a punto de comerse un canario, yo jugaba su juego.
- Ahora mi niña se sube a mi regazo.
Mirando su regazo, su pene ya estaba fuera de sus pantalones rojos; duro y grueso.
Me subí a su regazo, y cuando mi pequeño paquete tocó la punta de su pene de serpiente, comenzó a frotarlo por todo mi coño y culo, haciéndolos parpadear con una erección.
Me mojé un poco con ese cigarrillo entre mi bolsillo y mi trasero.
- Santa es tan sexy... y empecé a hacer movimientos de ida y vuelta en el duro y grueso palo que me estaba golpeando.
Ahora recuerda que tienes que hacer lo que Santa te diga...
- Sí, señor. - ¿Qué es eso?
- Este es el bastón de Santa, siéntate en él verás el universo lleno de estrellas...
Oh, Santa, no puedo esperar, me estoy sentando y luego bajé mi cuerpo y sentí su bastón caliente y duro deslizarse por mi culo.
- ¿Qué pasa?
¿De verdad quieres a Santa?
- Sí, quiero... bajar más, bajar más...
Me senté en su polla todo el tiempo que pude, y lloré un poco, porque podía sentir mis nalgas tocando sus testículos.
Chica obediente... muy obediente... se metió en mi trasero que apretó su pene.
- ¿Listo y ahora Papá Noel?
- Ahora vas a pulir mi palo metiendo tu pequeño trasero en él, ¿sabes lo que quiero decir?
- ¿Arriba y abajo?
- Esa chica sube y baja.
Me bajé el culo voluntariamente; subí y bajé hasta que todo su volumen desapareció dentro de mi trasero.
Volví a subir ...
- Esa niña, ahora más rápida para limpiar el bastón de Santa...
Bajé y subí al ritmo de sus manos que me levantaron y tiraron vigorosamente.
- Se va a pulir mi palo, se va a ...
- Oye, Santa, ¿qué está pasando?
- Eres una buena niña.
Se va a meter la verga por el culo otra vez, va a, eh, todo Santa y todo... ahora yo soy el que va a ir arriba y abajo rápido.
Empecé a sudar, podía sentir las gotas fluyendo entre mis pechos, mi vientre ardiendo de placer, podía sentir su bastón emitiendo una chispa de deseo.
¡Sí, Santa, qué hermoso palo!
- Ho Ho, mi niña, ¿ya ha comenzado la magia?
- Sí, Santa, estoy viendo muchas estrellas, oh, oh, mi, tantas estrellas.
- Entonces vamos, vamos a frotar a alguna chica más caliente, frotar mi varita mágica, ir ..
- Scrub para ver todas las estrellas en el universo...
- ¿Qué estás haciendo?
- Ya lo ves.
- Sí, yo... sentí sus espasmos en ondas sucesivas... sintiendo esa crema tibia y lechosa en mi culo.
- ¿Cómo estoy?
- Has sido una buena chica.
- Pero tengo que hacer todas las pruebas, ¿no?
- Sí, aún tenemos algunas pruebas más.
Incliné mi tronco hacia atrás, sentado quieto en su regazo, mientras su esperma seguía fluyendo entre mis piernas y sentí sus grandes manos en mis pechos hirviéndolos.
- Umm qué tetitas lindas tiene mi pequeña niña... haré una prueba con ellas más tarde.
- ¿Cuál será la prueba?
¡La noche es un niño!
Santa tiene más magia, ¿no?
- Ahora tendrás un buen helado...
- Oba, me encanta el helado.
- Dejarás el bastón de Santa limpio y brillante...
Miré ese palo, que cuando estaba excitado no era recto, sino curvado hacia arriba y ya estaba duro.
- Me encanta el helado, verás.
Empecé a lamerle los testículos mientras le chupaba el saco, empapándolo deliberadamente en saliva para hacerle brillar.
- No dejé rastro de la crema batida que se derramó en tu bastón...
- La niña tiene hambre...
Sí, Santa, muriendo de hambre, agarré la punta de su pene como si estuviera agarrando un premio, me arrodillé, agarré su pene con una de mis manos, y metí todo el volumen en mi boca a la vez.
Qué niña tan deliciosa, se estremeció y gimió de placer.
Mientras chupaba ese palo curvo con todo cuidado para no ahogarme, mi boca estaba llena de crema batida y sentí que otra vez estaba loco por verterme más.
- Está bien, Santa se los comió a todos.
- Ho Ho... Estoy orgulloso de ti mi pequeña niña... Ahora vamos a la prueba final.
Miré a Papá Noel muy emocionado.
- ¿Cuál es el premio? - ¿Cuál es el premio? - Cuando ella preguntó toda emocionada, mis pechos suaves, blancos, medianos y de pico rosado saltaron suavemente.
Los ojos detrás de la lente, la boca entre el bigote y la barba blanca, me respondió
Veamos si eres una niña seria.
- Soy Santa... es decir, no estoy hablando en serio sobre jugar.
Es parte de la prueba, no podrás reír.
- Ni un poco.
- No, no lo hizo.
He mostrado un pequeño espacio entre el pulgar y el índice de la mano derecha.
Tienes que ser serio mientras dure la broma.
- ¿Están listos?
- Sí, Santa, usted sabe.
Yo estaba de pie en el medio de la habitación, y se acercó a mi espalda y metió su dedo todo el camino desde la parte superior de mi pequeño paquete a la base de mi cuello, y un buen escalofrío pasó a través de mí y casi se rió.
Tienes que probarme que eres una niña seria.
- Es Papá Noel.
Me echó una mirada seria.
- Levanta una pierna.
Incliné mi pierna hacia atrás con la palma blanca de mi pie hacia él. Sus dedos comenzaron a hacer cosquillas allí. Me mordí los labios, sudé frío, pero no me reí. Sentí una bola de algodón frotándose contra mi palma. Fue su barba y luego su lengua. La metió entre mis dedos y casi me reí.
El buen anciano bajó por mi pierna, se levantó y se puso de pie frente a mí. Me miró directamente a los ojos; algo serio. Algo me dijo que se estaba riendo de mí. Llegó a sus labios cerca de los míos y sin besarme ni abrir la boca, los deslizó por mi cuello, pasando entre mis pechos dejando sus picos rosados duros y excitados.
Allí estaba, moviendo su cabeza, dibujando un círculo en mi pecho, metiendo su barba en mi pezón. La pelusa de mi cuello estalló en excitación. La barba bajó a mi busto rapado, alcanzando alrededor de mis grandes labios. Ahí la boca de Santa se abrió, su lengua disparó a mi vulva como una flecha. Fue tan rápido que el miedo me desorientó. Me acarició con su saliva fría. La lengua hizo líneas arriba y abajo y a los lados. Sabía muy bien lo que estaba haciendo.
Dejé escapar un suspiro cuando comenzó a forzar la punta de su lengua en mi vagina como un sacacorchos. Estaba empapada de sudor y lista para soltarme tan pronto como terminara. Su lengua se mantuvo salvaje e intransigente, tocando las puntas de sus grandes labios, cubriendo toda la longitud de mi hendidura tratando de penetrar en todos los puntos posibles. Sus manos estaban haciendo cosquillas desde la base de mi espalda hasta mis nalgas. Me mordí el labio sosteniendo la erección, por unos breves momentos, él introdujo la punta de su lengua dentro de mi vulva, retiró su lengua y la lamió como si fuera un néctar de los dioses. De un último beso, se levantó, miró a mis ojos y sonrió complacido.
- Puedes descansar mi pequeña... has demostrado que eres una muy buena niña... ahora Santa es todo tu... pequeño...
Él se quitó el disfraz, no mostró su cara, mantuvo una barba y un bigote. Era obvio que el físico era el de un hombre fuerte, incluso con las gafas, la barba blanca y el bigote no daban a conocer su edad, el pene erguido y listo. Sólo pensé en tener ese torso curvo dentro de mí, llenándome con toda su rigidez.
- ¡Papá Noel te quiere joder, pequeña terca!
Nuestros cuerpos se encontraron, él era más alto que yo, y sentí su pene presionar contra mi vientre.
- Entonces ven a joderme, joder todo lo que no pudiste con Santa.
Los voy a joder a todos, ¿eh?
- Es el...
- Santa está en peligro aquí.
Pasé la punta de mi lengua por mis labios ya secos de sexo, imaginando a ese fuerte, experimentado, fantasía de Papá Noel follando mi rosado y húmedo ramo de sexo.
Me mojo muy fácilmente.
- Te comeré entera, pequeña.
- Come... ¡Métete ese pito en mi coño, ahora!
Me besó, mis uñas corrían por su espalda rascándolo.
"Oh, niña traviesa", me abrazó. Aproveché la oportunidad para abrazarlo también y me colgué de sus caderas con las piernas abiertas. Me llevó a la silla del maestro. Se sentó y me puse de pie en su regazo. Sintiendo su polla frotando mi ramo.
"¿Está ese curvilíneo listo para mí?" Le mordisqueé la boca.
Está loco por mostrarte todo lo que tiene.
- Entonces ven y jódeme, Santa.
Me besó mientras yo rodeaba con su pequeño paquete puntiagudo y sus glándulas frotándose contra la entrada de mi ramo, su dedo empujando suavemente mi apretado trasero, agarró mi pelo dándome un beso mientras metía su lengua dentro de mi boca como un palo dentro de un ramo.
- Si me pones esa maldita cosa encima...
Te comeré entera, niña... mientras él subía para penetrarme, yo bajaba para envolverlo dentro de mí, con mis piernas colgando de sus grandes muslos.
- Se está metiendo, está deliciosa.
- Eso está bien, pequeña mierda.
- Lo pone todo dentro, y dice...
- Eso es todo, déjame cogerte...
- Así que mete todo el palo.
- Te voy a comer.
- Coman, coman y coman.
- Este hijo de puta quiere entrar en tu cubo...
- Libera esa bestia curva dentro de mí...
- ¿ Qué pasa ?
- Cómeme... cómeme... papá... noel... cariño... ahhhhhh... me tragarás entero con ese palo sabroso.
¡Te voy a comer, perra pequeña, voy a verter esa leche dentro de ti, voy a mostrarte toda esa fuerza!
Sus manos estaban atadas a mis hombros y sus brazos clavados en mi espalda como un chaleco.
- Cariño, voy a joderlos a todos... voy a joderlos a todos, guapa!
- Vete a la mierda, me voy a comer a toda Santa Claus.
- ¡Te comeré desde aquí hasta el Polo Norte!
- Yo, Goza, tienes esa mierda dentro de mí...
- Me voy a burlar de ti adentro, ahhhhhh...
- Se va a...
Su último gemido era casi un grito, la voz más fuerte para el placer de la diversión. Sus movimientos rápidos se detuvieron. Estaba con su culo levantado de la silla y todo su volumen dentro de mí. Sentí sus bolas casi entrando. Sentí el flujo de esperma explotar dentro de mí.
Gimié, suspiré, y mis uñas lo rascaron.
Estaba arqueándose, derramando las últimas corrientes de esperma, y lo dejé penetrarme a su ritmo.
Con el tiempo, lo dominé e hice movimientos rápidos para que yo mismo llegara a mi orgasmo latente momentos más tarde.
Mi boca se cerró en un poco de placer y se relajó, cerró los ojos que era puro deseo.
Besó mi boca, el pico de mis pechos, como mi miel mezclada con su crema.
- Me estaba riendo en la acera.
- Eso está muy bien, muchacho.
- Feliz Navidad, Santa - mi cuerpo todavía temblando, sudando, mi vagina mojada con su esperma y mi alegría.
- Espera, espera, mi pequeño niño...
- Que todas sus Navidades sean felices...
Y quitándole el resto de su fantasía de Santa... le di una sucia sonrisa a ese hombre alto de pelo verde y ojos y una sonrisa traviesa; me encantó más y más al encarnar mis fantasías!
Espero que os haya gustado, escribí esta historia en diciembre de 2008! ¡Bjs Doces Natalinos! ¡Y una Feliz Navidad a todos! ¡Lleno de Paz, Salud, Amor, Esperanza y Felicidad!!!
Ayesk@
¡Los derechos de autor están reservados!
Todavía no hay reacción.
0
curtidas
40 opiniones