En la cama del jefe - Capítulo 5
Me puse mi uniforme y bajé a la cocina.
- ¡Buenas tardes!
- Oye, Augustus, toma una taza de café antes de que se levante tu Caius.
Rápidamente cogí una taza y la bebí.
- ¿A qué hora te vas hoy?
- ¿Medio día y tú?
- El de las seis...
- Pero dejaré el almuerzo listo.
- Entonces no tienes que hacerlo, el pequeño jefe dijo que iba a almorzar a un restaurante.
Emiliana) - Eita que esta gente gasta ni su Augusto.
- La vida de un playboy nacido.
- Mamá lo da todo y crece así.
- ¿Entonces qué?
Nos han mimado y se han reído de nosotros.
- Sólo puedes dejar el café listo y si ya quieres ir temprano.
- ¿Ese es su Augusto?
- Sabes que tomé el lugar de Irene.
Qué venenoso eres, Augustus.
Nos reíamos juntos, era el amor de mi vida.
- Sólo voy a terminar aquí y luego me iré.
- Puedes irte, Emiliana.
La dejé en la cocina, fui a mi habitación, primero comprobé la seguridad, el personal y fui a tomar una ducha, pensé en lo de anoche y disfruté el momento, me cambié, me puse otro uniforme y me despedí de la cocinera.
A las diez en punto veo al pequeño jefe bajar las escaleras.
- ¡Buenos días Guto!
- Buenos días, jefe. ¿Ha dormido bien?
- Qué maravilloso.
- ¿Y qué hay de ti?
- La cama de tu madre es muy bonita, la borré.
- ¡Lo tengo!
- Me dormí primero. ¿Quién es usted?
Se acerca a mí.
- Estaba analizando todo hasta que te quedaste dormido.
Se fue a buscar café.
- ¿Dónde está Emiliana?
- ¡La despedí antes de tiempo!
- ¿Qué quieres decir con eso?
Lo vi sentado en la silla tomando café. Me paré al otro lado del banco, era una hermosa cocina americana, al lado de ella una mesa enorme toda de vidrio y el otro un banco de mármol y estos bancos de madera rústicos.
- Dije que salías a almorzar.
- Mira, ¿me vas a hacer salir?
- ¡No lo haré!
- ¿Quieres estar a solas conmigo?
- ¡Yo tampoco!
Me levanté, y fui a entregar el mensaje.
- Ya te dejé cosas para que me hagas el almuerzo.
- ¿Qué pasa?
Me acerqué a él, apoyé todo mi cuerpo contra el suyo.
- Voy a comer su comida hoy, jefe.
Pero no sé cómo cocinar Guto.
Su voz enojada, su pequeña cara que pensó que me convencería.
- Nadie nace sabiendo... uno aprende.
Poniendo su mano en mi uniforme y haciendo una cara pedante él estaba tratando de convencerme de pedir la entrega.
- Ayer te enseñé dos palabras.
- Sí , lo hice .
- ¿Cuáles de ellos?
- Para tener algo que decir y ser obediente.
Caminé por la cocina, tomé un vaso de agua en el refrigerador.
- Usted es el jefe, ¿verdad?
- Sí , lo hice .
- Me diste dinero ayer, ¿recuerdas?
- Sí , lo hice .
- ¿Para qué era?
- Por el... por el...
Con la cabeza hacia abajo, era demasiado tímido para contestarme.
- Haz lo que te digo.
- Ahí lo tienes.
Salió y peló el ajo, le estaba enseñando paso a paso cómo hacer el arroz, yo estaba haciendo la ensalada y él iba a freír el filete más tarde, ese es nuestro menú, por supuesto una cerveza helada.
- Bueno, podrías quitarte ese uniforme, ¿no?
- Mira, tú también quieres que trabaje desnudo.
- Oh, lo tienes.
Me senté en la silla, estaba analizando su desarrollo en la cocina, después de que todo estuviera organizado lo llamé, le hice sentarse en mi pierna para descansar un poco.
- Siéntate aquí y descansa.
- Me estás tomando el pelo, ¿verdad?
- ¿Usted lo cree?
- ¡Eso es lo que parece!
- Todo en mi propio tiempo.
- ¿Me estás volviendo loco?
- ¿De qué hablas?
- ¡Me estás poniendo tan caliente por ti!
- Cuando quiera.
El arroz se estaba secando, se puso de pie y confieso, yo estaba con el rollo manchado sólo con esa situación, pero tenía que aguantar.
Después de un tiempo el almuerzo estaba listo, fuimos a comer e incluso comimos, arroz medio patata pero por primera vez de nada no.
Nunca he hecho nada en la cocina, estoy cansado.
- Es cierto, has hecho lo básico, ¿no?
- Sí, lo hizo.
Almuerzamos, intercambiamos algunas ideas, y estaba analizando, qué escena interesante.
Después de un buen almuerzo dejé los platos para que él los lavara, solo lo observé, disfrutando de que esa pequeña puta fuera obediente.
- Me voy a acostar arriba.
- Terminaré de lavar los platos y subiré.
Al acercarme por detrás de él, hablando en su oído, respondí.
- ¡Te esperaré!
Le dio un escalofrío, y luego me vio subir las escaleras a la habitación de la dama, y encendí el aire acondicionado, y encendí el sonido, y estaba esperando a que volviera.
Unos minutos más tarde llegó, me fui directamente a la silla de rodillas, pero le dije que se acercara a la cama.
- ¡Eso será tu recompensa por hacerme un delicioso almuerzo!
A medida que se acercaba yo mataba su voluntad, sentía su respiración, su deseo y mi sexo a ese nivel.
- ¿Has visto lo que ha hecho?
- Su pene está casi saliendo de su ropa interior.
- Y no te gusta.
- ¡Ya es suficiente!
Estoy acostado en esa cómoda cama y él está encima .
- Sube y sacale de ahí.
Rápidamente se acercó arrastrándose y se detuvo frente a mi mástil pulsante.
- ¡Quítate el vestido!
Se puso mis bragas, y delante de él estaba mi polla palpitando y estallando y loco por meterme en ese pequeño jefe hijo de puta, pero tenía que controlarme.
Se puede sentir pulsando...
El Pequeño Jefe se llenaría la mano con mi pene, pulsando sólo para ver su cara de erección, sensación de placer y locura.
- Su premio y me golpeó, hacer un ida y vuelta hasta que te digo que te detengas.
Su cálida mano iría y vendría dulce para mí, rápida y lenta en un susurro de placer.
- ¡Date prisa! - ¿Qué haces?
Él hacía una demostración de obediencia pero seguro que realmente quería caer sobre su cara, yo respiraba profundamente hasta el punto de la bala, entonces se burlaba.
- Está bien, puedes parar.
- ¿Me estás tomando el pelo?
- No, era para que pudieras sentir el pulso.
- ¿Qué pasa?
Su cara de desaliento era visible.
- Déjate y acuéstate en la cama.
El silencio se apodera, sólo el aire y la música reinan.
- Estoy pensando en Guto.
- ¿ Qué pasa ?
- ¿Mi madre regresará?
- ¿ Qué ocurre ?
- Estoy loco con una erección.
- Tendrás que controlarte.
- Me pregunto si puedo.
- Aquí tienes, pequeño jefe.
No lo pensé mucho.
- Déjame dormir, tengo que irme.
¡Está sucediendo!
por Daniel
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